Saltar al contenido

Company Group usa cookies de Google Analytics para medir visitas. Si las rechaza, la web funciona igual. Política de cookies.

Madrid · Velázquez 10 · Atención con cita previa
companygroup@companygroup.es+34 696 16 21 37
Hablemos +34 696 16 21 37

Velázquez 10, Madrid.
Atención con cita previa.

Explore las cinco áreas, sus servicios y las tres situaciones, o escriba un tema. Cargando los análisis…

Consultoría empresarial

Dirección financiera externa en Madrid, el CFO externo de una empresa consolidada

Dirección financiera externa y CFO externo son el mismo encargo: la función de un director financiero ejercida desde fuera, con una dedicación pactada, sin plaza en plantilla y desde un despacho de Madrid.

Primera conversación con Fernando Company González, sin coste y confidencial. Respondemos en 24 horas laborables, y el trabajo se presupuesta antes de empezar.

5 sobre 5 7 reseñas en Google (se abre en otra pestaña)En prensa: Sector EjecutivoDesde 1983

Una mujer y un hombre revisan una hoja impresa junto a un archivador con separadores, sobre una mesa de roble.

La dirección financiera externa —también llamada CFO externo o director financiero externo— es la función de un director financiero ejercida de forma continuada por un profesional ajeno a la plantilla. Comprende el cierre contable mensual con fecha, la previsión de tesorería, la relación con las entidades bancarias, el análisis de márgenes, la información periódica a los socios o al consejo y la preparación de las decisiones que comprometen caja. Se contrata por un número de días al mes, no por jornada completa, y convive con la asesoría que presenta los impuestos y con el equipo administrativo que ya existe, en lugar de sustituirlos. Se distingue de la asesoría contable, que registra y presenta, y de la auditoría, que revisa lo ya cerrado.

Cuándo se llama a una dirección financiera externa

Casi nadie llama a un despacho pidiendo una dirección financiera externa. Se llama porque ha ocurrido alguna de estas seis cosas, y normalmente varias a la vez. Las seis tienen el mismo origen: la información llega tarde, llega incompleta o no llega.

  • El ejercicio se cierra tarde

    Ver el detalle: El ejercicio se cierra tarde

    Los números del año llegan en marzo o en abril, cuando el plazo para formular las cuentas se está agotando —tres meses desde el cierre— y el primer pago fraccionado del Impuesto sobre Sociedades está encima, y para entonces no son información: son historia. Dentro del año pasa lo mismo, con un balance que se mira por trimestres y con los deterioros y las provisiones calculados sólo en diciembre. Cuando los números llegan cuatro meses tarde, ya no queda margen para corregir el trimestre que describen.

  • Nadie sabe la tesorería a noventa días

    Ver el detalle: Nadie sabe la tesorería a noventa días

    Se mira el saldo del banco por la mañana y a eso se le llama tesorería. La previsión que hace falta es otra: cobros por fecha real de vencimiento —no por la del contrato—, pagos comprometidos, nóminas, cuotas de préstamo e impuestos, semana a semana. La diferencia entre las dos formas de mirar es negociar una póliza en octubre con calma o pedirla en diciembre con urgencia. Es la misma póliza a otro precio.

  • El banco pide información que no existe

    Ver el detalle: El banco pide información que no existe

    En la renovación anual de las líneas, o al financiar una compra, la entidad pide cuentas cerradas y provisionales, previsión de tesorería, detalle de la deuda por entidad con sus vencimientos y garantías, y antigüedad de saldos de clientes. Si esa carpeta no existe se improvisa en tres días y se llega a la reunión a aceptar las condiciones que pongan. Es la misma empresa en las dos versiones de esa reunión; lo que cambia es quién lleva la información y cuándo la lleva.

  • Nadie sabe qué gana cada cosa

    Ver el detalle: Nadie sabe qué gana cada cosa

    Se sube el precio cuando suben los costes y se baja cuando aprieta un competidor, pero hace años que nadie calcula qué deja cada línea, cada producto o cada cliente grande, con los costes indirectos repartidos y con el coste de financiar el circulante dentro. No es raro que el cliente que más factura sea el que menos aporta, una vez descontado lo que cuesta financiarle el plazo de pago, un plazo que entre empresas la ley de morosidad no permite pactar por encima de sesenta días naturales aunque se pacte. Y cuando conviven varias sociedades, ver el conjunto cuesta una semana de trabajo y nunca sale igual dos veces.

  • Hay socios, o un consejo, que no están en el día a día

    Ver el detalle: Hay socios, o un consejo, que no están en el día a día

    Reciben las cuentas anuales una vez al año y nada en los otros once meses. Cuando la información llega tarde, incompleta o con un formato distinto cada vez, las preguntas empiezan a parecer desconfianza. Rara vez lo son: es lo que le pasa a cualquiera que sea dueño de algo que no puede ver.

  • Se prepara un relevo, la entrada de un socio o una venta

    Ver el detalle: Se prepara un relevo, la entrada de un socio o una venta

    Quien compra, quien entra o quien hereda mira los últimos ejercicios —y su asesor fiscal, los cuatro que Hacienda todavía puede comprobar—, y ahí aparece todo lo que no se ordenó a tiempo. Nada de eso impide la operación: se descuenta del precio o se convierte en garantía retenida. Un comprador no perdona el desorden, lo cobra.

Gestoría, controller y CFO externo: dónde acaba lo que puede hacer cada uno

Casi ninguna empresa que nos llama parte de cero. Ya tiene quien le lleve la contabilidad y presente los impuestos, y muchas veces alguien dentro que factura, concilia y reclama los cobros. La pregunta no es quién hace los números, sino dónde acaba lo que cada uno puede hacer con ellos.

  • La gestoría o la asesoría, que cumple obligaciones

    Una gestoría o una asesoría contabiliza lo que ya ha ocurrido, presenta impuestos y nóminas en plazo y responde de que todo eso esté bien hecho. Su criterio es fiscal, que es el que le corresponde: el resultado se cierra pensando en la declaración y no en la decisión. Es un servicio necesario, casi siempre bien prestado y barato para lo que resuelve. No lo sustituimos.

  • El controller, que produce la información

    Un controller —o el departamento de administración, que en muchas empresas medianas es una sola persona— lleva el circuito de facturación y cobro, concilia, prepara el cierre y monta los cuadros. Sin él no hay nada que dirigir. Su límite no es de capacidad sino de posición: quien elabora el dato rara vez es quien lo discute con el banco, ni quien contradice al dueño delante del consejo.

  • El director financiero en plantilla, que decide y responde

    Traduce el plan a caja, negocia la deuda, dice que no a una inversión y pone su criterio por escrito. Ese puesto tiene dos costes y normalmente sólo se mira uno: el salario de un directivo sénior con sus cotizaciones y su variable, y la atención del empresario, porque a un director financiero hay que dirigirlo y esa hora la pone el dueño. Con estructura suficiente sale a cuenta. Por debajo de cierto tamaño, el puesto no tiene trabajo para cinco días a la semana y acaba llenándose con tareas que ya hacía otro.

  • La dirección financiera externa, la misma función con dedicación medida

    Es esa misma función con una dedicación medida y un coste conocido de antemano. Se ocupa de la parte que decide, y por eso convive con la asesoría y con el controller en lugar de sustituirlos. Tiene además una ventaja que rara vez se dice en voz alta: viene de fuera, así que no tiene carrera dentro de la empresa y no depende de caerle bien a nadie para seguir el año que viene.

El trabajo del director financiero externo, mes a mes

Ver todos los análisis

Esto es una función que se ejerce todos los meses, con las mismas entregas y en las mismas fechas, y se cumple aunque el mes venga mal.

  1. Cierre mensual con fecha

    Ver el detalle: Cierre mensual con fecha

    Un calendario escrito de quién entrega qué y qué día, y una fecha de cierre comprometida por escrito en el propio encargo: cuando la información de partida lo permite, dentro de los diez primeros días del mes siguiente, con periodificaciones, amortizaciones, deterioros y provisiones hechos. Un cierre que llega el día veinticinco describe un mes sobre el que ya no se puede hacer nada. No movemos su contabilidad de sitio. Trabajamos con el equipo administrativo que ya está y con la asesoría que presenta los impuestos.

  2. Previsión de tesorería y circulante

    Ver el detalle: Previsión de tesorería y circulante

    A trece semanas y a doce meses, con la frecuencia de actualización que se pacte: semanal mientras la caja esté ajustada o haya una renovación en curso, mensual cuando no lo esté. Con ella se ordenan la política de cobro, los plazos de pago y los anticipos, y se trabajan las tres palancas que de verdad mueven la caja —días de cobro, días de pago y existencias— antes que ningún producto financiero. Un susto de caja en una empresa rentable rara vez aparece de golpe; suele llevar semanas escrito en un calendario que nadie llevaba.

  3. La relación con las entidades

    Ver el detalle: La relación con las entidades

    Mapa de la deuda por entidad, con tipo, vencimiento, garantías prestadas por la sociedad y por los socios, y compromisos asumidos en contratos anteriores. Reparto del negocio entre varias entidades para no depender de una. Carpeta de información permanente al día, y renovaciones negociadas con meses de antelación y no la semana del vencimiento. A esa negociación vamos con usted y con la carpeta preparada de antemano.

    Reestructuración de deuda corporativa: alternativas
  4. Márgenes, precios y presupuesto

    Ver el detalle: Márgenes, precios y presupuesto

    Coste real por línea, producto y cliente, con los indirectos repartidos según un criterio que se pueda defender delante de quien pregunte. De ahí sale el presupuesto del año, hecho con los responsables de cada área y no en un despacho, porque un presupuesto que nadie ha firmado no se cumple. Y del presupuesto sale lo único que lo hace útil: la revisión mensual de la desviación, con el porqué y con lo que se hace al respecto.

  5. El informe con el que se decide

    Ver el detalle: El informe con el que se decide

    Un cuadro corto y siempre igual: cuatro o cinco cifras de negocio, la caja, la deuda y la desviación, con una página de comentario. Comparado con el presupuesto y con el mismo mes del ejercicio anterior. Un informe que cambia de formato cada mes no lo compara nadie, y cambiarlo es la manera más eficaz de que no se compare nada. En ese cuadro va también una comprobación que en una empresa con deuda no puede esperar al cierre del ejercicio: si las pérdidas han dejado el patrimonio neto por debajo de la mitad del capital social, la Ley de Sociedades de Capital abre una causa de disolución, concede dos meses para convocar la junta y hace responder solidariamente al administrador de las deudas posteriores si no reacciona. Eso se ve en un cierre mensual; en uno anual se ve cuando ya han pasado los dos meses.

    KPIs financieros que todo CEO debe seguir
  6. Las decisiones de calado, cuando llegan

    Ver el detalle: Las decisiones de calado, cuando llegan

    Comprar la nave o alquilarla. Financiar una adquisición con deuda o con recursos propios. Abrir una línea nueva. Retribuir a los socios por dividendo o por nómina, con el efecto fiscal y el de Seguridad Social de cada opción calculado y con la cobertura estatutaria que la retribución del administrador necesita para no discutirse después, que también llevamos en el despacho. En una empresa consolidada estas decisiones aparecen dos o tres veces al año, y son las que justifican todo lo anterior.

Socios y consejo

El consejo, los socios y el día que alguien mire desde fuera

En una empresa familiar, o en una con varios socios, la información es además el material con el que se sostiene la confianza entre quien trabaja en la empresa y quien sólo es dueño de ella. El derecho de información que la Ley de Sociedades de Capital reconoce al socio es un mínimo —obtener las cuentas anuales desde que se convoca la junta, pedir por escrito aclaraciones antes de ella y de viva voz en ella y, en la sociedad limitada, examinar la contabilidad que las soporta a partir de cierto porcentaje del capital—, y ese mínimo, cumplido al pie de la letra, es exactamente lo que enfría a una segunda generación.

  1. El informe que reciben los socios

    Ver el detalle: El informe que reciben los socios

    Lo que preparamos es otra cosa: un informe periódico, con el mismo alcance para todos los socios y escrito para alguien que no vive dentro de la empresa. Qué ha pasado, por qué, qué deuda hay, qué se ha invertido, qué se prevé y qué decisiones vienen. Cuando la información llega sola y a fecha fija, las preguntas dejan de parecer desconfianza y pasan a ser lo que son.

  2. El consejo de administración

    Ver el detalle: El consejo de administración

    Con el consejo ocurre lo mismo un nivel más arriba. Un consejo que recibe la documentación en la propia sesión no delibera: ratifica. Preparamos el soporte económico del orden del día que fije quien preside y lo enviamos con antelación suficiente para que se pueda leer, y llevamos una sola versión de las cifras, discutida antes con la dirección, y no dos lecturas distintas de la misma realidad. Lo que no hacemos es ocupar el cargo: formular y firmar las cuentas anuales es responsabilidad del órgano de administración y ahí debe seguir.

    Gobierno corporativo: consejo de administración profesional
  3. El día en que alguien mire desde fuera

    Ver el detalle: El día en que alguien mire desde fuera

    Llega un día en que esa misma información la mira alguien ajeno a la casa. Quien compra, quien entra como socio o quien hereda pide un histórico que cuadre, contratos ordenados y una explicación de las partidas raras. Cuando esa preparación se hace con la operación ya encima, todo lo que no encaja se convierte en descuento sobre el precio. Hecha con uno o dos años de margen, es exactamente el mismo trabajo, hecho antes en vez de después. La valoración de la compañía y la preparación de la venta son un encargo distinto, de consultoría empresarial; lo que aporta la dirección financiera externa es que, cuando llegue ese día, la información ya esté hecha.

    Cómo valorar una empresa antes de venderla
Ver el área de consultoría empresarial

Un director financiero que no vende nada

Hay una pregunta que conviene hacerle a cualquiera que le aconseje sobre dinero, y también a nosotros: ¿qué factura emite usted si le hago caso, y cuál si no le hago caso? Casi todos los que se sientan en esa mesa tienen dos respuestas distintas —la entidad, el intermediario de financiación, quien coloca el arrendamiento financiero—, y esa diferencia no los convierte en malos profesionales, pero sí en parte interesada.

Seguir leyendo: la independencia

Aquí las dos respuestas son la misma. No comercializamos productos financieros, propios ni ajenos. No somos agentes ni mediadores de ninguna entidad, no cobramos comisión de terceros y no cobramos porcentaje de la financiación que se obtenga, de la operación que se cierre ni del ahorro que se consiga. Tampoco recibimos nada por recomendar un programa de contabilidad o de tesorería. Nuestra única fuente de ingresos son los honorarios del encargo.

Se nota en la mesa del banco, que es donde importa. Cuando le digamos que esa póliza está cara, que el arrendamiento financiero que le ofrecen encarece la operación o que lo razonable es no hacer nada este año, detrás no hay nada nuestro. Y cuando la respuesta correcta sea esperar seis meses, eso es lo que pondremos por escrito, aunque un encargo más corto no nos convenga.

Somos un despacho pequeño de Madrid, y eso tiene una consecuencia y un límite. La consecuencia es que quien negocia con su entidad es quien ha hecho el cierre y conoce la operación de la que se está hablando, no un equipo que rota. El límite es cuántos encargos de este tipo caben a la vez, que son pocos, y por eso decimos que no cuando el calendario no da. Una dirección financiera externa mal atendida es peor que no tenerla, porque genera confianza en una información que nadie está mirando.

A quién no servimos, y de quién es cada pieza

Conviene decirlo antes de que nos escriba, porque ahorra tiempo a los dos. Buena parte de lo que hoy se ofrece en España bajo el nombre de CFO externo está pensado para compañías de reciente creación que buscan financiación de inversores: preparar la información para fondos, negociar con ellos y sostener la caja de una empresa que todavía no gana dinero. Es un trabajo legítimo, exige oficio y no es el nuestro. Si eso es lo que necesita, hay firmas especializadas en ello y llegará antes con una de ellas.

Nuestro cliente es otro: la empresa que factura desde hace años, que tiene beneficio y también deuda, que a veces son tres sociedades en lugar de una y en la que hay socios, o familia, o las dos cosas.

Lo que asumimos

  • El cierre contable mensual y el calendario que lo sostiene.
  • La previsión de tesorería y la política de cobros, pagos y circulante.
  • La relación con las entidades financieras: mapa de deuda, renovaciones, garantías y compromisos.
  • El análisis de márgenes por línea, producto y cliente, y el presupuesto anual con su desviación.
  • El informe periódico a los socios o al consejo, y la preparación de las decisiones de inversión, financiación y reparto.
  • La coordinación con la asesoría fiscal y contable, con el auditor y con la notaría.

Lo que no asumimos, y de quién es

Ver el detalle: Lo que no asumimos, y de quién es
  • Llevar la contabilidad y las nóminas y presentar los impuestos

    Es de su asesoría o de su departamento de administración, con quienes trabajamos y a quienes no sustituimos. Que este despacho tenga área fiscal propia no lo cambia: sería otro encargo, con su propio presupuesto.

  • Auditar las cuentas

    Es del auditor, y la Ley de Auditoría de Cuentas declara incompatible prestar a la entidad auditada servicios de contabilidad o de preparación de los estados financieros: preparar el cierre y auditarlo después no puede hacerlo la misma firma.

  • Buscar inversores o acompañar la entrada de capital riesgo

    Es de las firmas especializadas en financiación de compañías de reciente creación, que trabajan con otro tipo de compañía y con otro calendario.

  • Colocar productos financieros, gestionar carteras o asesorar sobre instrumentos concretos

    Es de las entidades y de las gestoras. Nosotros no lo hacemos, y ese es justamente el punto.

  • Implantar el programa de gestión

    Es del fabricante y de su integrador; lo nuestro es decir qué información tiene que salir de él y en qué fecha.

  • Ocupar el cargo de administrador y firmar las cuentas

    Formular y firmar las cuentas anuales es responsabilidad del órgano de administración y no se externaliza. Nosotros preparamos, calculamos y proponemos, y respondemos de nuestro criterio.

Y hay dos casos más en los que preferimos decirlo pronto. Si el volumen, el número de sociedades o el ritmo de decisión exigen presencia diaria, lo honesto es contratar a un director financiero en plantilla; podemos ayudarle a definir el puesto, a fijar lo que debe entregar y a acompañar sus primeros meses, y hasta ahí llega nuestro encargo. Y si la decisión ya está tomada y lo que se busca es un informe que la respalde, tampoco somos útiles. Eso se lo diremos en la primera conversación, que es cuando todavía no cuesta nada.

Preguntas frecuentes

Respuestas redactadas con inteligencia artificial.

¿Qué hace exactamente un director financiero externo?

Cierra el mes con fecha comprometida y explica lo que ha pasado. Mantiene la previsión de tesorería, que no es el saldo del banco. Lleva la relación con las entidades financieras: renovaciones, garantías y posición de riesgo consolidada. Calcula lo que deja cada línea de negocio y cada cliente, prepara el presupuesto y explica cada mes por qué la realidad se desvía de él. Elabora la información periódica para los socios o para el consejo. Y prepara las decisiones de inversión, financiación y reparto para que se tomen con los números delante. La ejecución se queda donde está: la facturación, la conciliación y el cobro los lleva la empresa, y la presentación de los impuestos, quien ya se la venga llevando. Que este despacho tenga además área fiscal no cambia el reparto: es un encargo distinto de éste.

¿En qué se diferencia de una gestoría, de una asesoría o de un controller?

En que cada uno responde de una cosa distinta. La asesoría responde de que las obligaciones se cumplan; el controller, de que el dato exista y sea fiable; la dirección financiera, de la decisión que se toma con ese dato y de defenderla fuera de la empresa. Arriba está desarrollado con los cuatro escalones y con dónde acaba cada uno. Lo que conviene retener aquí es que no son alternativas: son trabajos compatibles, y lo normal es que su asesoría siga exactamente donde está y que nosotros trabajemos con ella.

¿Cuánto cobra un CFO en España?

La pregunta mezcla dos cosas y por eso las cifras que circulan no sirven para comparar. Un director financiero en plantilla es un coste fijo anual —salario, cotizaciones, variable, el tiempo de selección y la indemnización si un día hay que prescindir de él—, y varía mucho según el tamaño de la compañía y el sector. Un director financiero externo, o CFO a tiempo parcial, se contrata por una dedicación pactada y medida en días al mes, y lo que la determina es comprobable antes de empezar: cuántas sociedades hay, en qué estado está hoy la información, si hace falta consolidar, con qué periodicidad se informa a los socios o al consejo y si hay una operación en marcha. No cuesta lo mismo adelantar un cierre que ya se hace que montarlo desde cero. Lo que sí podemos decirle sin conocer su empresa es cómo no cobramos: ni porcentaje de la financiación que se obtenga, ni comisión de ninguna entidad, ni participación en el ahorro.

¿Cómo cobran ustedes la dirección financiera externa?

En dos tramos, y los dos por escrito. El diagnóstico inicial —revisión de la información que existe hoy, comprobación del punto de partida y primer informe con lo que conviene corregir y en qué orden— tiene un coste cerrado que le indicamos antes de empezar. El trabajo continuado va por iguala mensual, fijada sobre la dedicación acordada y revisada sólo cuando cambia el alcance: si cambia, se habla del precio antes de hacer el trabajo, no después. No hay porcentajes de ninguna clase. Y si del diagnóstico sale que lo que usted necesita es otra cosa —una persona en plantilla, o simplemente ordenar el calendario de cierre—, se lo diremos.

¿Cuánta dedicación supone y cuánto dura el encargo?

Los primeros meses son los más intensos, porque hay que comprobar qué información existe, ordenar qué llega tarde y montar el cierre y la previsión. Después baja, y lo habitual es una presencia mensual fija alrededor del cierre, un seguimiento de tesorería más frecuente y disponibilidad para las conversaciones que no esperan, que suelen ser las de banca. Hay tres reuniones que conviene tener sentados —el cierre del mes, la mesa con la entidad y la conversación con los socios— y para eso está el despacho de Velázquez 10; el resto del trabajo se hace por videoconferencia y sobre los sistemas de la empresa, de modo que la distancia no es lo que decide. En cuanto a la duración, no hay una fecha de final prevista: o la empresa llega a un tamaño en el que conviene incorporar a alguien en plantilla, y entonces ayudamos a definir el puesto y a hacer el traspaso, o la función se queda fuera de forma estable. Las dos salidas son buenas. Lo que no tiene sentido es un encargo de tres meses.

Estamos buscando inversores. ¿Nos sirve?

Probablemente no, y preferimos decirlo antes de la primera reunión. No acompañamos la captación de capital riesgo ni la preparación de documentación para fondos: hay firmas especializadas en eso y llegará antes con una de ellas. Nuestro terreno es la empresa que ya factura y que ya tiene beneficio y deuda: cierre, tesorería, banca, márgenes y el informe con el que deciden sus socios. Si lo que hay sobre la mesa es la entrada de un socio industrial, un relevo generacional o la venta de la compañía, esa conversación sí es nuestra, y empieza por poner la información en orden con un año de antelación.

Su siguiente paso

¿Cuándo sabe cómo ha ido el mes?

Con tres respuestas basta para empezar: qué día está cerrado el mes anterior, qué previsión de tesorería hay hoy sobre la mesa y qué reciben los socios entre una junta y la siguiente. Le diremos qué falta, en qué orden conviene montarlo y si de verdad le hace falta.

Solicitar una primera conversación +34 696 16 21 37

Primera conversación con Fernando Company González, sin coste y confidencial. Respondemos en 24 horas laborables, y el trabajo se presupuesta antes de empezar.