Saltar al contenido

Company Group usa cookies de Google Analytics para medir visitas. Si las rechaza, la web funciona igual. Política de cookies.

Madrid · Velázquez 10 · Atención con cita previa
companygroup@companygroup.es+34 696 16 21 37
Hablemos +34 696 16 21 37

Velázquez 10, Madrid.
Atención con cita previa.

Explore las cinco áreas, sus servicios y las tres situaciones, o escriba un tema. Cargando los análisis…

Asesoría jurídica y societaria · Análisis

Derivación de responsabilidad de los administradores

Claves de la LSC y la LGT para evitar la derivación de deudas al administrador y reducir el riesgo sobre su patrimonio personal.

Corregido y actualizado con inteligencia artificial en septiembre de 2026. Cómo elaboramos estos artículos

Ir a la lectura
Placas de latón sin grabar en el portal de un edificio madrileño

Los administradores de sociedades en España se enfrentan a un régimen de responsabilidad exigente que puede comprometer su patrimonio personal. Y conviene separar desde el principio dos trabajos que se mezclan siempre.

La prevención es societaria y se hace antes: convocar la junta dentro del plazo cuando aparece la causa legal de disolución, y dejar constancia en acta de qué se decidió, cuándo y con qué información encima de la mesa. La defensa es tributaria y llega después, cuando la Agencia Tributaria ya ha iniciado un procedimiento de derivación contra el administrador. Lo que se puede alegar en la segunda depende casi por completo de lo que se hiciera en la primera y de que quedara escrito con fecha.

El papel de un administrador en una sociedad mercantil va mucho más allá de la mera gestión operativa; implica una profunda asunción de responsabilidades legales y fiscales que, de no ser atendidas con la debida diligencia, pueden trascender el ámbito corporativo y afectar directamente el patrimonio personal. En el dinámico y a menudo complejo entorno empresarial español, los empresarios y directivos deben navegar un entramado normativo diseñado para proteger tanto los intereses de la sociedad como los de sus socios y acreedores. La Ley de Sociedades de Capital (texto consolidado en el BOE, se abre en otra pestaña) (LSC) y la Ley General Tributaria (texto consolidado en el BOE, se abre en otra pestaña) (LGT) establecen los pilares de esta responsabilidad, delineando los deberes y las consecuencias de su incumplimiento, lo que hace imprescindible una visión estratégica y un asesoramiento especializado para mitigar riesgos.

La responsabilidad de los administradores societarios en España se articula principalmente a través de la Ley de Sociedades de Capital (LSC), que establece un conjunto de deberes y las consecuencias de su inobservancia. Los artículos 236 a 241 bis de la LSC son fundamentales en esta materia, delineando la responsabilidad por actos u omisiones contrarios a la ley, a los estatutos sociales o por el incumplimiento de los deberes inherentes al cargo. Esta responsabilidad puede ser de carácter social, cuando el daño afecta directamente al patrimonio de la sociedad, o individual, si el perjuicio recae sobre socios o terceros.

Los deberes de diligencia y lealtad

El deber de diligencia, regulado en el artículo 225 de la LSC, exige a los administradores desempeñar su cargo con la pericia de un «ordenado empresario», adaptándose a la naturaleza del puesto y a las funciones atribuidas. Esto implica:

  • una participación activa en la gestión
  • la adopción de medidas para la buena dirección y el control
  • el derecho y deber de recabar la información necesaria para el cumplimiento de sus obligaciones

Paralelamente, el deber de lealtad (Art. 227 LSC) impone actuar de buena fe y en el mejor interés de la sociedad, evitando conflictos de interés y no utilizando su posición para beneficio propio. El incumplimiento de estos deberes puede dar lugar a la obligación de indemnizar el daño causado y, en el caso del deber de lealtad, incluso a la restitución del enriquecimiento injusto obtenido.

¿Qué es la derivación de responsabilidad y cómo afecta al patrimonio personal?

Uno de los mayores temores para cualquier administrador es la derivación de responsabilidad, un mecanismo legal por el cual las deudas de la sociedad pueden ser reclamadas directamente a su patrimonio personal. Este riesgo se materializa bajo dos grandes vertientes: la mercantil y la tributaria.

En el ámbito mercantil, el artículo 367 de la LSC es clave, estableciendo la responsabilidad solidaria de los administradores por las obligaciones sociales posteriores al acaecimiento de una causa legal de disolución, si no han convocado la junta general en el plazo de dos meses para acordar la disolución o remover la causa, o no han solicitado la disolución judicial. Por ejemplo, si una sociedad incurre en pérdidas que reducen su patrimonio neto a una cantidad inferior a la mitad del capital social (Art. 363.1.e) LSC) y los administradores no actúan diligentemente en el plazo establecido, podrían responder con sus bienes personales por las deudas contraídas a partir de ese momento.

La perspectiva tributaria: responsabilidad solidaria o subsidiaria

Desde la perspectiva tributaria, la Ley General Tributaria (LGT), en sus artículos 42 y 43, regula la derivación de responsabilidad a los administradores, pudiendo ser solidaria o subsidiaria. La responsabilidad subsidiaria (Art. 43.1.a LGT) es frecuente cuando la sociedad ha cometido infracciones tributarias y los administradores no han realizado los actos necesarios para el cumplimiento de las obligaciones fiscales, o han consentido el incumplimiento. Junto a este supuesto, que exige que la sociedad haya cometido una infracción tributaria y que extiende la responsabilidad también a las sanciones, la Ley General Tributaria regula otros dos casos muy frecuentes y con requisitos propios: el del administrador de la sociedad que cesa en su actividad dejando obligaciones tributarias devengadas y pendientes, siempre que no hubiera hecho lo necesario para su pago o hubiera adoptado acuerdos o medidas causantes del impago, supuesto que no exige infracción previa ni alcanza a las sanciones (art. 43.1.b); y el del administrador que, existiendo continuidad en la actividad, presenta de forma reiterada autoliquidaciones sin ingreso de tributos repercutidos o de cantidades retenidas —IVA o retenciones de IRPF— cuando quede acreditado que esa presentación no obedece a una intención real de cumplir (art. 43.2). Es fundamental destacar que, según reciente jurisprudencia del Tribunal Supremo (STS de 17 de julio de 2025, STS 3465/2025), la derivación de responsabilidad no es automática; la Administración debe justificar de forma clara y específica la conducta dolosa o negligente del administrador, y la carga de la prueba recae sobre ella, no sobre el administrador.

¿Es su caso?

Cada situación tiene sus cifras y sus plazos. En una llamada de 30 minutos, sin coste y confidencial, le decimos si podemos ayudarle y cómo.

Hablar con el despacho

¿Cómo puede un administrador evitar la derivación de responsabilidad?

Para evitar la derivación de responsabilidad de los administradores y proteger el patrimonio personal, es imprescindible adoptar una gestión proactiva y diligente, en línea con los principios de buen gobierno corporativo. La clave reside en anticiparse a las situaciones de riesgo y cumplir rigurosamente con las obligaciones legales y estatutarias.

El monitoreo constante de la salud financiera

Una de las medidas más importantes es el monitoreo constante de la salud financiera de la empresa. Esto implica revisar periódicamente los balances, cuentas de resultados y estados de flujo de efectivo para detectar signos de desequilibrio patrimonial, como la reducción del patrimonio neto por debajo de la mitad del capital social, lo que activa la causa legal de disolución.

La observancia de los plazos y procedimientos de la LSC

Además, es crucial mantener una estricta observancia de los plazos y procedimientos establecidos por la LSC. En caso de concurrir una causa legal o estatutaria de disolución, los administradores deben convocar la junta general en el plazo de dos meses para que adopte el acuerdo de disolución o aquellos que sean necesarios para remover la causa (art. 365.1 LSC). Si la junta no llega a constituirse o el acuerdo es contrario a la disolución, deberán solicitar la disolución judicial en los dos meses siguientes (art. 366.2 LSC). Hay una tercera salida, introducida por la Ley 16/2022, de 5 de septiembre: quien dentro de ese mismo plazo de dos meses comunica al juzgado la existencia de negociaciones con los acreedores para alcanzar un plan de reestructuración o solicita la declaración de concurso no responde de las deudas posteriores (art. 367.3 LSC) y queda relevado entretanto de convocar la junta (art. 365.3 LSC); si el plan no se alcanza, el plazo de dos meses se reanuda. La inacción en estos escenarios es una de las principales fuentes de responsabilidad personal.

La documentación de las decisiones y el seguro D&O

Asimismo, la documentación adecuada de todas las decisiones empresariales, especialmente aquellas que impliquen riesgos o reestructuraciones, es fundamental para demostrar la diligencia debida. Contar con un seguro de Responsabilidad Civil para Directivos y Administradores (D&O) también puede ofrecer una capa de protección financiera ante posibles reclamaciones.

Reorganización societaria y optimización fiscal como escudo protector

La estrategia empresarial y la planificación fiscal avanzada pueden ser herramientas poderosas para mitigar la responsabilidad de los administradores y proteger el patrimonio.

El holding empresarial: segregar actividades y activos

Una reorganización societaria bien estructurada, por ejemplo, mediante la creación de un holding empresarial, permite segregar actividades y activos, aislando riesgos operativos y financieros en diferentes entidades. Esta configuración no solo optimiza la gestión y la fiscalidad del grupo, sino que también puede limitar la exposición de los administradores a deudas generadas en filiales específicas, siempre que se respeten las formalidades legales y se evite el «levantamiento del velo» por abuso de la personalidad jurídica.

La optimización fiscal y el cumplimiento de las obligaciones tributarias

La optimización fiscal, entendida como la aplicación de estrategias legales para reducir la carga impositiva, también juega un rol protector. Un asesoramiento experto en fiscalidad y estructuración financiera ayuda a asegurar el cumplimiento de las obligaciones tributarias de la sociedad, minimizando el riesgo de infracciones que puedan dar lugar a derivaciones de responsabilidad. Esto incluye:

  • la correcta declaración de impuestos
  • el mantenimiento de una contabilidad transparente
  • la planificación de operaciones corporativas de manera fiscalmente eficiente

En un entorno donde la Agencia Tributaria ejerce una vigilancia constante, la proactividad en la gestión fiscal es un pilar fundamental para la tranquilidad del administrador.

¿Ha encontrado un error en este artículo? Comunicar un error

Del caso general a su caso

¿Le afecta esta decisión?

Un artículo describe el caso general. El suyo tiene números concretos y plazos concretos, y eso hay que mirarlo.

Solicitar una primera conversación +34 696 16 21 37

Primera conversación con Fernando Company González, sin coste y confidencial. Respondemos en 24 horas laborables, y el trabajo se presupuesta antes de empezar.